04 octubre 2006

A la memoria de Jaime Ayala Sulca

Escuchaba una entrevista de César Hildebrandt a la viuda del desaparecido colega Jaime Ayala Sulca, señora Rosa Pallqui Medina y sentí esa conocida y extraña sensación de la impotencia: Cómo es posible que desde 1984 hasta la fecha la familia de Jaime siga padeciendo el dolor de no sólo no dar con los restos del colega, sino que ahora va a tener que enfrentar una muralla legal que defenderá, sin rubor y a sangre fría, al autor de su muerte, el autodenominado "Comandante Camión".

Realmente da coraje que ni el Informe de la Comisión de la Verdad pueda contribuir a poner las cosas en su lugar. Que el Estado niegue al propio Estado. Que los alevosos crímenes cometidos en nombre de la paz y del restablecimiento del estado de Derecho queden impunes. Que el dolor de su muerte no pueda ser mitigado siquiera con las disculpas del Estado oficial ni con una condena ejemplar.


Conocí a Jaime Ayala pocas horas antes de su desaparición, en medio de un cuadro lúgubre en el Cementerio de Huanta, con cuerpos descuartizados, putrefactos, con llantos desconsolados, rostros de angustia y terror. Era una decena de víctimas de un enfrentamiento, dizque, entre comuneros, cuyos sobrevivientes cargaron sus muertos hasta el precario velatorio de ese pueblo signado por la violencia terrorista, pero también por el abuso militar.

Agazapado en su propio miedo, pero convencido de su papel, Jaime nos abordó en este escenario. No sé si el camarógrafo era Lucho Loayza, pero cubríamos entonces para el programa Conexiones que dirigía y conducía Hildebrandt en Canal 5. El valiente corresponsal de La República tenía una información de primera: en las afueras de Huanta se había encontrado una fosa común, con por lo menos 18 cadáveres.

En realidad, como ocurría con los reporteros que anduvimos por las alturas de Ayacucho, Huancavelica o Apurímac en las épocas más temibles que enfrentamos los peruanos, Jaime buscaba aliados para llegar hasta la agreste zona de la "fosa común". Minutos después en el mismo cementerio de Huanta nos "entrevistaron" ?para decirlo de mejor forma- dos barbados efectivos de la ex PIP, que decían trabajar para la Fiscalía Provincial, confirmando el dato de Ayala.

Después de una trifulca en la que casi nos matan a balazos los "tiras" que de verdad desconocían que habíamos sido invitados a conocer la fosa maldita, Jaime, el camarógrafo, un adolescente que conducía la camioneta en donde íbamos, y quien escribe la nota, presenciamos con estupor las imágenes más tristes y terribles del momento. El intenso sol serrano iluminaba los restos irreconocibles y la polvareda levantada por las palas desenterradoras, hacían irrespirable el ambiente ya enrarecido por el hedor de la muerte.

Esta vendría a ser la primera fosa común que se daría a conocer al público, sólo que fue silenciada convenientemente por las autoridades de ese entonces y mi material en video, en donde aparecía Jaime Ayala, terminó en el escritorio de Genaro para evitar su difusión. Jaime fue desaparecido a la mañana siguiente de los hechos, mientras yo retornaba a Lima con la primicia silenciada. Días después sería imposible evitar la aparición de más fosas y entonces los aparatos de maquillaje elaboraron las estrategias para difundir ?las primicias? con libreto preestablecido. Hildebrandt renunció a Canal 5 poco después, los reporteros nos quedamos sin empleo y los deudos de Ayala comenzaron su vía crucis.

También Hildebrandt increpó en radio San Borja por qué no se pone el nombre de Jaime Ayala Sulca a algún lugar público o algo así para rendirle un permanente homenaje.

Sería lo correcto, pero en un país tan ingrato, olvidadizo y discriminador como el nuestro es casi un imposible. Peor cuando hoy algunos se pelean por ser más "héroes" que otros y algunos rimbombantes apellidos se disputan por un parque sanisidrino.

Finalmente, una confesión de parte. He tratado de limpiar mis penas, silenciosamente, por la desaparición de Jaime, este incondicional y aguerrido guía como muy pocos en el periodismo peruano, yendo a Huanta por tierra más de una vez, y he sido gratificado viendo reverdecer algunos de sus campos y el pueblo laborioso levantando y modernizando la zona.

Cuando fungí de burócrata en el Banco de la Nación, pude lograr ? por la memoria de mi colega, pero guardándome el secreto hasta hoy- que el directorio disponga la construcción de un local propio y amplio como agencia para la provincia. Fue inaugurado el 15 de septiembre de 1997, en ceremonia pública, con todos los gerentes del banco como nunca ha ocurrido, con trago, banda militar y baile popular, a la usanza pueblerina.
Jaime, ¿cuándo descansarás en paz?


Escrito por Miguel Ángel Risco

Publicado el lunes 18 de setiembre de 2006, en página web www.adehrperu.org

07 agosto 2006

Cuándo se hará justicia para Jaime Ayala

Veintidós años han pasado y aún no se hace justicia por la desaparición forzada de mi padre Jaime Ayala Sulca a manos de agentes de la Marina de Guerra, que durante los años de la violencia interna tenían bajo su control las provincias de Huanta y La Mar, en el departamento de Ayacucho.

Fue justamente el Jefe del Destacamento de Infantería de la Marina de Huanta, el capitán Álvaro Artaza Adrianzén, conocido como Comandante "Camión", quien ordenó la tortura y posterior desaparición de mi padre aquel 02 de agosto de 1984, cuando yo apenas tenía cuatro meses de nacido.

Este lamentable suceso ocurrió porque Jaime Ayala, quien era periodista, había sacado a la luz, en diversas ocasiones, los abusos que cometían los marinos contra la población ayacuchana.

Estas denuncias las difundía a través de su programa radial en Radio Huanta 2000 y el diario capitalino La República, por lo que algunos marinos como Artaza Adrianzén ya lo tenían en la mira.

Fue por ello que durante la madrugada del 2 de agosto, presuntos agentes de la Policía de Investigaciones irrumpieron violentamente al hogar de mi abuela Julia Sulca, a quien la amenazaron con un arma de fuego, mientras a mi tío Eduardo Ayala lo golpearon salvajemente dejándolo semiinconsciente.

Horas después, al promediar las ocho de la mañana, mi padre se enteró de lo ocurrido, por lo que acudió a las instalaciones de la Policía de Investigaciones de Huanta, para interponer una denuncia por lo sucedido. Sin embargo, las autoridades de dicha dependencia se negaron a recibirla.

Ante ello, Jaime acudió al cuartel de la Marina, situado en el estadio de Huanta, para formular su reclamo. En el trayecto se encontró con Carlos Paz Villantoy, administrador de Radio Huanta 2000, quien le acompañó hasta la base de la Marina.

Además de Villantoy, fueron varias las personas que vieron ingresar a mi padre a dicha base durante aquella mañana, pero nadie lo vio salir.

Según testimonios de personas que también estuvieron detenidos y torturados en esa base, así como algunos ex efectivos de la Marina, mi padre fue torturado y golpeado salvajemente por los agentes. Incluso el mismo Artaza Adrianzén dirigió y presenció la tortura a Ayala.

Él fue quien dio la orden de desaparecer a mi padre, debido a que algunas autoridades castrenses le habían ordenado que lo liberase, porque la noticia de su detención ya era de conocimiento público y hasta el mismo fiscal de la Nación, Dr. Alvaro Rey de Castro, había anunciado que viajaría a Huanta para verificar la denuncia que había presentado mi madre con mis demás familiares. Pese a ello, a Jaime Ayala jamás se le volvió a ver.

Incluso, el caso de la desaparición de mi padre, fue investigado y denunciado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación junto con un centenar de casos de desaparecidos. De aquella investigación se desprende el siguiente párrafo:

"La Comisión de la Verdad y Reconciliación ha logrado determinar que el periodista Jaime Boris Ayala Sulca fue víctima de desaparición forzada, tortura, tratos crueles, inhumanos o degradantes y ejecución arbitraria por parte de integrantes de la Marina de Guerra, en el cuartel ubicado en el Estadio Municipal de Huanta en agosto de 1984. La CVR considera que estos hechos se enmarcan en un contexto generalizado de desapariciones forzada, torturas y ejecuciones arbitrarias existente en esa época en la provincia de Huanta en el departamento de Ayacucho".

Es por ello que junto con mi madre Rosa Luz Pallqui de Ayala exigimos conocer la verdad de lo sucedido con mi padre y una sanción ejemplar a los responsables de este execrable crimen. Yo elegí ser periodista no sólo para rendir un homenaje a mi padre sino también para descubrir lo que pasó con él.

*Artículo escrito por Jassal Boris Ayala Pallqui. Publicado el 2 de agosto de 2006, en www.adehrperu.org

Ver el Caso Jaime Ayala, según la investigación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)